Estoy feliz.
Y es una mierda, en este momento porque quiero escribir algo.
Quiero expresar algo que me haya pasado en los últimos días, pero a pesar de algún que otro problema puntual (como el hecho de encontrar imposible salir a bailar y tomar hasta emborracharme como antes, o simplemente no poder conciliar el sueño de la manera que deseo) y pelotudo, soy feliz.
Las razones por las cuales estoy feliz podría ponerlas en otra entrada.
Ahora solo quiero centrarme en algo bastante interesante que tuve el placer de darme cuenta recién.
¿Qué hermosa es la musica, nosierto'?
Forma parte de mi humor, de la manera en la que pienso, de mi posición frente a ciertos tópicos, de mi personalidad (uno es lo que escucha, según yo) y otros miles de aspectos referentes a mi hermosa e imperfecta persona.
Pero nunca pensé que eso podía ser tan influyente en mis relaciones.
Sucede que, por suerte, mis últimos amores tenían un gusto bastante singular por la música.
Bah, eso es lo que pienso yo, de maneja semi-objetiva.
Bah, eso es lo que pienso yo, usando esta nota para, una vez más, expresar mi verdadero amor a la música más que a otro simple ser humano.
Es muy posible que no pueda soportar alguien con gustos musicales no agradables a mi oído, ¿pero de ahí a amar personas porque escuchan lo mismo que yo?
Ya sé que parece una pelotudez obvia, porque vivo leyendo que la gente prefiere gente que guste lo mismo que ellos y demás pelotudeces.
A mi me alcanza con que congeniemos, lo demás es puro detalle.
Aunque el amor se expresa de maneras tan inusuales que puede que hasta mi última oración haya sido, en cierto porcentaje, falsa.