Y bueno, se nos va la última noche de libertad, con Creedence sonando al tope a las 6:22 AM
A empezar de nuevo, enfocado en otras cosas, a recibir un par de cachetadas de mala suerte como siempre, a la rutina (que bueno, hay que decir que la odio, pero estar todo el día cual morsa en su excelencia no está divertido) pero también a ver a todos, a ver la gente con la que me relaciono siempre. No es lo mejor, pero bueno.
Sin embargo, lo que más me duele, como cualquier adolescente, es la cantidad de trabajo que tengo todavía encima, a 24 horas exactas de empezar de vuelta el infierno de todo púber.
Les deseo que la garchada sea leve. (Eso es mucho más que "les deseo lo mejor", créanme)