Y extrañarte. Extrañar estar juntos haciendo cada uno lo que tenga que hacer, pero bajo el mismo techo. Creer por un momento que darme un break no sea pararme un rato a caminar por la casa o tirarme a dormir sin sueño; si no que sea hablar con vos, disfrutar una comida, sentirle por fin el gusto, juntar nuestros cuerpos desnudos, en un silencio penetrado por nuestra música favorita sonando de fondo.
Y a pesar de todo esto, lo único que logro pensar es que no sentís lo mismo. Que pasan los días y yo cada vez me siento más solo. Que nunca vas a leer ésto y que lo único que quiero hacer es decírtelo, pero temo muchísimo que tu reacción me termine de desbaratar.
Que dilema, la puta madre.
Que dilema, la puta madre.