6.03.2018

De todos los domingos.

Es casi una rutina. Levantarse tarde, con un haz de luz penetrándome la mirada perdida. La sequedad de mis labios y las migrañas culpa del alcohol que tomé ayer. Las comidas con sabor a nada. Las responsabilidades atrasadas que no hacen si no amontonarse.

Y extrañarte. Extrañar estar juntos haciendo cada uno lo que tenga que hacer, pero bajo el mismo techo. Creer por un momento que darme un break no sea pararme un rato a caminar por la casa o tirarme a dormir sin sueño; si no que sea hablar con vos, disfrutar una comida, sentirle por fin el gusto, juntar nuestros cuerpos desnudos, en un silencio penetrado por nuestra música favorita sonando de fondo.

Y a pesar de todo esto, lo único que logro pensar es que no sentís lo mismo. Que pasan los días y yo cada vez me siento más solo. Que nunca vas a leer ésto y que lo único que quiero hacer es decírtelo, pero temo muchísimo que tu reacción me termine de desbaratar.

Que dilema, la puta madre.