5.23.2013

Llegás, te sentás y mirás a la cancha. Esa cancha en la que viviste todo. Derrotas y victorias.
Te vió salir campeón, te vio gritar, te vió llorar, te vio correr horas, te vio entrenar cada día más duro para mejorar y te vió desde que eras chico.

Te preparás y te cambías. Llegan tus compañeros. Tu equipo. Los que te acompañan siempre. Los que a lo mejor no son tus amigos, pero una vez que estás adentro de la cancha, están más unidos que nunca.

Llega el partido. Saludás a los que están enfrente. ¿Son mejores que vos? Nunca. Vos entrenaste horas y horas y el que tenés en frente quiere sacarte lo que vos querés. Podés llegar a tener nervios, pero hay que aprender a jugar bajo presión.

Estás por perder el partido. Estás abajo por mucho. Hay gente que en estos momentos entrega. Yo me quedo con los que siguen. No picó la última pelota. El partido sigue.

Perdiste y eso por lo que te rompiste el orto días y días se fue en menos de 2 horas.
¿Abandonar? ¿Estás loco? Mirá como está el mundo por gente que no sigue intentando.
Llorá, gritá, pateá y puteá si querés, pero rendirse nunca.

"La diferencia entre lo que dices y lo que eres, es lo que haces"